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MELCHOR BRAVO de SARAVIA
Fue hijo de Juan de Saravia, señor de la Pica , y de Mayor de Nera y Morales. Nació en 1512 en Soria; hombre noble, gran letrado, de mucha prudencia y entereza . Después de haber sido regente de la vicaria de Nápoles, estaba designado para ir a fundar la Audiencia que en el año de 1547 se había mandado crear en el Nuevo Reino de Granada, cuando se le ordena, pasar a la de Lima.
En carta de La Gasca al Rey, fecha 23 de enero de 1549, le dice que por traer don Melchor su mujer en días de parir, se ha detenido e detiene en Panamá, por cuya causa, en parte, sólo pudo hacerse cargo de su destino en Abril de 1549. Desde el año siguiente, con corta interrupción, hasta la llegada del Marqués de Cañete en 1555, le correspondió a la audiencia de que Bravo era miembro y que presidio por la mayor parte de ese tiempo, el gobierno del Perú en una época llena de turbulencias que no es del caso historiar. El virrey Toledo, en carta a su Soberano de 10 de Setiembre de 1563, le decía con respecto a Bravo de Saravia lo siguiente: Ha trece o catorce años que esta en estas partes, tiene medianas letras y es hombre de bien; mas, tras esto, es tan inquieto y tan ambicioso, que todo lo que no pasa por su mano y parecer no tiene sufrimiento para ello y todo lo condena y le parece mal, y por esta causa ha tenido siempre desabrimientos con los virreyes y gobernadores que ha habido en su tiempo, porque el licenciado Gasca y don Antonio de Mendoza y después el Marqués de Cañete estuvieron hartas veces determinados de enviarle preso a España y dar cuenta a Vuestra Majestad de su desasosiego, y la muerte de los dos virreyes y la partida del licenciado Gasca lo estorbo, y lo mismo hubiera yo hecho después que se fue el licenciado Muñatones, por hartas ocasiones que el doctor me ha dado, mas he querido usar de paciencia, para servir a Vuestra Majestad, y darle cuenta de ello para que sea servido de remediarlo. Que, cierto. Señor, es así menester, porque es gran inconveniente tratar con un hombre de mucha ambición y de mala intención
Se le atribuyen las ordenanzas y copilacion de leyes hechas por el muy ilustre señor don Antonio de Mendoza, etc. año de 1552. (Publicada en documentos del archivo de indias, tomo VIII, Págs. 55-101).
Por real cedula de 27 de sep de 1567 fue nombrado gobernador de Chile. juró su cargo en Santiago el 16 agosto 1568. Llegó el 22 de Julio de ese año a Coquimbo y tomo posesión de su cargo de presidente en concepción en el mes de noviembre siguiente.
Bravo partió para España a principios de 1575 y luego de arribar a Sevilla dirigió al rey el siguiente memorial C. R. M. con la licencia de vuestra majestad me mando enviar, he venido con mi mujer e hijos al cabo de treinta años que he servido a Vuestra Majestad en las provincias del Perú y Chille; y aunque cansado de la larga y trabajosa navegación que he traído, que ha más de de dieciséis meses que salí de la ciudad de la Concepción de Chille, después de haber dado mi residencia y visita, como Vuestra Majestad en la licencia me manda con la voluntad de venir a esta tierra a servir a Vuestra Majestad, lo he pasado.
Yo me quedo aprestando para salir de aquí con toda brevedad para ir a dar relación a Vuestra Majestad del estado en que aquellas provincias de Chille y el Perú quedan y de todo lo demás que Vuestra Majestad fuere servido mandarse informar de mí.
Nuestro Señor la católica y real persona de Vuestra Majestad guarde con acrecentamiento de muchos más reinos y señoríos . Sevilla, 25 de Agosto de 1577. C. R. M. Criado de V. M. que sus reales pies besa. El doctor Bravo de Saravia.
Falleció en el pueblo de su nacimiento el 8 de Diciembre de 1577 y fue enterrado en el coro de la iglesia principal.
Su hijo mayor, Juan Bravo de Saravia, caballero del Orden de Santiago, comendador de Mora, heredó el mayorazgo del cuarto y quinto de sus bienes que fundaron sus padres, y en los cuales, por haber muerto sin sucesión, le sucedió su hermano segundo Ramiriañez de Saravia, que se casó en Chile con Isabel Osorio de Cáceres.
He aquí la pintura que de su persona hacen dos de los cronistas chilenos. Fue el doctor Saravia natural de la ciudad de Soria de España, hijo de principales padres y muy docto en el Derecho, graduado de doctor con mucha aprobación de todos. Fue primeramente oidor en el reino de Nápoles y después lo fue en la ciudad de los Reyes del Perú más de veinte años, de donde pasó a Chile por gobernador y presidente de la Audiencia real.
Era muy menudo de cuerpo, muy sano de complexión, muy templado en el comer, muy recto en las cosas de su oficio, al dicho de todos, muy celoso en el servicio de Su Majestad y aumento de su real hacienda; gobernó este reino cinco años, teniendo en el a su mujer, doña Jerónima de Sotomayor, y a su hijo Ramiriañez de Saravia, y a un yerno suyo, que era el general Alonso Picado, vecino de Arequipa, el cual tenia trescientos mil ducados en barras de plata, demás de su renta, cuando se casó con la hija deste gobernador llamada doña Mayor de Saravia; es una señora de las más cabales de estos reinos.
Sirvió el doctor Saravia a Su Majestad en Chile, así en las cosas de justicia como en las de guerra, ocupado en ella de persona y la de su hijo y yerno, que por ser tan rico y extraordinariamente gastador y dadivosos, Salió este general Alonso Picado con menos dinero que metió en Chile .Mariño de Lobera.
Era el doctor Saravia natural de la ciudad de Doria, de edad de setenta y cinco años, de mediana estatura, y no en tanto manera que se echase de ver, sino que cuando estaba junto a algunos que fuesen mas altos que él; angosto de sienes, los ojos pequeños y sumidos, la nariz gruesa y roma, el rostro caído sobre la boca, sumido de pechos, giboso un poco y mal proporcionado. Porque era mas largo de la cintura arriba que de allí abajo; pulido y aseado en su vestir, amigo de andar limpio y que su casa lo estuviese; discreto y de buen entendimiento, aunque la mucha edad que tenia no le daba lugar a aprovecharse del: codicioso en gran manera y amigo de rescebir todo lo que le daban, enemigo en gran manera de dar cosa alguna que tuviese; enemigo de pobres, amigo de hombres bajos de condición, que era por ello detractado en todo el reino, y aunque el lo entendía y sabia, no por eso dejaba de darles el mesmo lugar que tenia; amigo de hombres ricos, y por algunos dellos hacia sus negocios, porque de los tales (era presunción) rescebia servicios y regalos;; sus cargos de corregidores y los demás que tenia que proveer como gobernador los daba a hombres que estaban sin necesidad. Presumiase por entrar a la parte, pues había en el reino muchos caballeros hijosdalgos que a Su Majestad habían servido mucho tiempo, a los cuales no daba ningún entretenimiento y dábalo a los que tenían feudo del Rey en repartimientos de indios; a estos aprovechaba, pues en este tiempo dio a Francisco de Lugo, mercader, hombre rico y que al Rey jamás había servido en cosas de guerra en Chile, un cargo de protector de los indios con seiscientos pesos de salario y, a un hombre otro que le ayudase le dio doscientos, y a otro que defendiese las causas de los indios en audiencia publica, ciento, de lo que los pobres indios sacaban de las entrañas de la tierra con su trabajo. Este cargo lo pidieron muchos soldados, y yo, Alonso de Góngora, fui uno de ellos, que desde el tiempo de Valdivia había servido al Rey y ayudado a descubrir y ganar este reino y sustentado hasta el día de esta fecha, y estaba sin remuneración de mis trabajos. Saravia no lo quiso dar a ninguno, por no quitar al mercader que lo tenia, antes para dárselo lo quito a un soldado antiguo que lo tenia y que al Rey había servido muy bien y siempre a su costa, llamado Juan Núñez, natural de Torrejón de Velasco. Por estas cosas daba a entender Saravia debía de ser con el particionero, y como el reino de Chile esta tan lejos de España, no podía Su Majestad ser informado con tanta brevedad como convenía: pasábase por todo, recibiendo los vasallos del rey tantas vejaciones.
Era tanta su miseria y codicia, que mandaba a su mayordomo midiese delante del cuantos cubiletes de vino cabían en una botija, teniendo cuenta cuanto se gastaba cada día a su mesa, en la cual solo el bebía vino, aunque valía barato, para saber cuantos días le había de durar; y porque vido un día unas gallinas que comían un poco de trigo que estaba al sol enjugándose para llevarlo al molino, y era el trigo suyo, las mando matar; y como después supiese del mayordomo que eran suyas, habiéndolas repartidos a algunos enfermos, los trato mal de palabra. Decían asimismo que no veía, y para el efeto traía un antojo colgado al pescuezo, que cuando quería ver alguna cosa se la ponía en los ojos, diciendo que de aquella manera via, y era cierto que sin antojo via todo lo que un hombre de buena vista podía ver cuando quería, que una sala todo el largo de ella via a un paje meterse en la faldriquera de las calzas las piernas de un capón, siendo buena distancia, lo cual yo vi y me halle presente. Tenia una doble condición, que no agradecía cosa que por el se hiciese, y quería que en extremo grado se le agradeciese a el lo que por alguno hacia. Son tantas cosas las que podría escribir del doctor Saravia, que porque el letor no me tenga por sospechoso, como algunos hombres togatos y torpes podían tenerme, determino no decir más, aunque con verdad había mucho. [13]